el sol no tuvo idea de que yo estaba con un friecillo en el pecho y se lanzó furibundo a acalorarnos a todos...
fue redondo...raro, mágico, no sé...
mis hijos me acompañaron a San Vicente hoy junto a mis papás y hermanas y se portaron cómo angeles, conversando con todos, saludando pacientemente, asombrándose con tréboles de cuatro hojas en el cementerio y descubriendo y riéndose como si el mundo no tuviera mañana...
en ese momento caí en la cuenta de que para mi es igual...
fue al final un dia que recordaré pues abracé a muchos amigos perdidos y porque el corazón de mi querido Eugenio estuvo a mi cuidado unas horas.
...todo empieza a volver a la normalidad...
21 enero, 2008
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